San Ciriaco y Santa Paula
Parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula
Málaga

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              AGENDA  SEMANAL  
  Lunes, 20:          10.00 y 19.00 h.  Misa
  Martes, 21:        10.00 y 19.00 h.  Misa
                               19.30 h.  Curso de Biblia
                               20.30 h.  Equipo de Liturgia.
  Miércoles, 22:   10.00 y 19.00 h.  Misa
                              20.00 h.  Charlas prebautismales.
                              21.00 h.  Catequesis matrimonial.
  Jueves, 23:        10.00 h.  Laudes y Misa
                              18.45 h.  Vísperas
                              20.00 h.  Charlas prebautismales.
                              21.00 h.  Catequesis matrimonial.
  Viernes, 24:      10.00 y 19.00 h.  Misa
                              18.30 h.  Rosario (YUCAT)
                              19.30 h.  Visperas cantadas
                              21.00 h.  Catequesis matrimonial.
  Sábado, 25:       10.00 h h.  Misa
                              11.00 h.  Bautizos: Rafael y Gustavo.
                              13.00 h.  Bautizos: Marta.
                              19.00 h.  Boda: Borja y Mª Adela.
                              20.00 h.  Misa.
                              20.30 h.  VIGILIA DE ADORACION AL SANTISIMO SACRAMENTO.
  Domingo, 26:    SANTÍSIMA TRINIDAD
                              10.00 h. Romería de los Patronos.
                              10.30 h. Primeras Comuniones.
                              12.00 y 13.00 h. Misa Dominical



EL CREDO DE LOS APÓSTOLES


EL DOGMA DE LA TRINIDAD


Dogma de la Trinidad

    La Trinidad es el término empleado para significar la doctrina central de la religión Cristiana: la verdad que en la unidad del Altísimo, hay Tres Personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, estas Tres Personas siendo verdaderamente distintas una de la otra. De este modo, en palabras del Credo Atanasio: "El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo". En esta Trinidad de Personas, el Hijo proviene del Padre por una generación eterna, y el Espíritu Santo procede por una procesión eterna del Padre y el Hijo. Sin embargo y a pesar de esta diferencia, en cuanto al orígen, las Personas son co-eternas y co-iguales: todos semejantes no creados y omnipotentes. Esto, enseña la Iglesia, es la revelación en relación a la naturaleza de Dios, donde Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo a entregarla al mundo: y la cual, la Iglesia, propone al hombre como el fundamento de todo su sistema dogmático.
    En las Escrituras, aún no hay ningún término por el cual las Tres Personas Divinas sean denotadas juntas. La palabras "trias" (de la cual su traducción latina es trinitas) fué primeramente encontrada en Teófilo de Antioquía cerca del año 180 D.C. El habla de "la Trinidad de Dios (el Padre), su Palabra y su Sabiduría". Más tarde, aparece en su forma latina de "trinitas" en Tertuliano. En el siglo siguiente, la palabra tiene uso general. Se encuentra en muchos pasajes de Orígenes ("In Ps. Xvii", 15). El primer credo en el cual aparece es aquel del pupilo de Orígenes, Gregorio Thaumaturgus. En su Ekthesis tes pisteos compuesto entre los años 260 and 270, escribe:
    "Por lo tanto, no hay nada creado, nada sujeto a otro en la Trinidad: tampoco hay nada que haya sido añadido como si alguna vez no hubiera existido, pero que ingresó luego: por lo tanto, el Padre nunca ha estado sin el Hijo, ni el Hijo sin el Espíritu: y esta misma Trinidad es inmutable e inalterable por siempre".

    El primer Concilio Vaticano ha explicado el significado del término misterio en teología. Formula que un misterio es una verdad la cual no somos capaces de descubrir sino que es una Revelación Divina, pero la cual, aún cuando ha sido revelada se mantiene "escondida bajo el velo de la fe y, como quien dice, introducida en un sobre por una especie de oscuridad". Aún más, el Primer Concilio Vaticano definió que la Fe Cristiana contiene estrictamente hablando, misterios (can. 4). Todos los teólogos admiten que la Trinidad es uno de ellos. Sin dudas, de todas las verdades reveladas esta es la más impenetrable a la razón. En consecuencia, no declararlo misterio, sería una virtual negación del canon en cuestión. Más aún, en palabras de Nuestro Señor en Mateo 9:27 dice "Nadie conoce al Hijo, sino el Padre" parece declarar expresamente que la Pluralidad de Personas en la Divinidad es una verdad completamente fuera del alcance de cualquier inteligencia creada.

                                                                                                                                                      (Enciclopedia Católica. Aciprensa - http://ec.aciprensa.com/t/trinidad.htm)



PENTECOSTES


calendario de cuaresma

     Festividad universal de la iglesia, mediante la cual se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo, en el festival judío llamado "Pentecostés".
    Se trata de una festividad cristiana que data del siglo primero, aunque no hay evidencia de que haya sido observada tan antiguamente como la Pascua, el pasaje en Corintios I (XVI, 8) probablemente se refiere a una festividad judía. Esto no es sorprendente ya que el festejo originalmente duraba un sólo día y se realizaba en domingo. Además estaba muy estrechamente relacionada con la Pascua de manera que se podría tratar de una actividad en la terminación pascual.
    El hecho de que Pentecostés era una festividad que ya pertenecía a los tiempos apostólicos lo constata el séptimo de los fragmentos (interpolados) cuya autoría es atribuida a San Irineo. En Tertuliano el festival aparece ya firmemente establecido. El Peregrino Gallic, da detallada cuenta de como esta festividad era observada de manera solemne en Jerusalén. Las Constituciones Apostólicas señalan que Pentecostés tenía la duración de una semana, pero en Occidente no fue observada su ejecución de ocho días sino hasta fecha más tardía. De acuerdo a Berno de Reichenau (1048) fue un aspecto controvertido la duración del festejo de Pentecostés. En la actualidad la fiesta tiene un rango similar al del Domingo de Resurrección o Pascua. Durante la vigilia, los catecúmenos eran bautizados, consecuentemente, las ceremonias del sábado eran similares a las observadas en Sábado Santo.

    El oficio de Pentecostés tiene sólo un nocturno, durante toda la semana. En la tercera hora tiene el "Veni Creator", el cual es cantado en lugar del himno de costumbre, debido a que en el tercera hora se considera que descendió el Espíritu Santo. La Misa completa tiene una secuencia de "Veni Sancte Spiritus", la autoría del cual se atribuye al Rey Roberto de Francia. El color del ropaje sacerdotal es rojo, como un símbolo de las lenguas de fuego que descendieron.

    Con anterioridad, las cortes no funcionaban durante la semana entera y los trabajos clericales fueron prohibidos. El Concilio de Constanza (1094), limitó estas prohibiciones a los primeros tres días de la semana. El resto correspondiente al sábado (sabat) y el martes, fueron abolidos en 1771, y en muchos territorios de misión también el lunes. Este último día fue eliminado de observancia estricta por San Pío X en 1911. Aún hoy día, tal y como sucede en la Pascua, el rango litúrgico de lunes y martes de la semana de Pentecostés es del tipo Doble de Primera Clase.
                                                                                                                                                                                                                    (http://www.aciprensa.com)



SAN JOSE OBRERO


    El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante.

    Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum, Mater et magistra, Populorum progressio, Laborem exercens, Solicitudo rei socialis, entre otros documentos.

    Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana... es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.

    Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.


5 DE MAYO,  PASCUA DEL ENFERMO


    El domingo 5 de Mayo celebraremos la Pascua del Enfermo. En cada Eucaristía nuestra comunidad hace presentes a los enfermos en la oración. En este día vamos a realizar todo lo posible para que, aquellos cuya salud se lo permita, estén presentes en la celebración.
    Para tenerlo todo organizado necesitamos saber los enfermos y ancianos que deseen asistir y no puedan desplazarse por si mismos o no tengan quien les acompañe; deben comunicarlo en la secretaría parroquial o en la sacristía. El equipo de la pastoral de la salud pasará por las casas a recogerlos y acompañarlos ese día a la misa de 12 h. donde recibirán la Unción Comunitaria de Enfermos.
    Del mismo modo, si tienes algún familiar o amigo enfermo impedido para acudir y desee recibir el sacramento, confesar y comulgar, puedes comunícarlo en la parroquia.
    Pueden recibir este sacramento las personas mayores de 75 años y aquellos que por enfermedad o vejez necesitan esta gracia especial. Se ruega la máxima puntualidad en los que van a recibir el sacramento para que se puedan sentar en los primeros bancos.

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI CON OCASIÓN DE LA XXI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

    ... Para acompañaros en la peregrinación espiritual que desde Lourdes, lugar y símbolo de esperanza y gracia, nos conduce hacia el Santuario de Altötting, quisiera proponer a vuestra consideración la figura emblemática del Buen Samaritano (cf. Lc 10,25-37). La parábola evangélica narrada por san Lucas forma parte de una serie de imágenes y narraciones extraídas de la vida cotidiana, con las que Jesús nos enseña el amor profundo de Dios por todo ser humano, especialmente cuando experimenta la enfermedad y el dolor. Pero además, con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10,37), el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos. Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe: «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito» (Enc. Spe salvi, 37).



ADORACIÓN NOCTURNA


    Nuestras Vigilias mensuales continúan la tradición de aquellas vigilias nocturnas de los primeros cristianos, si bien éstos, como sabemos, no prestaban todavía una especial atención devocional a la Eucaristía reservada.

    En efecto, los primeros cristianos, movidos por la enseñanza y el ejemplo de Cristo "vigilad y orad", no solamente procuraban rezar varias veces al día, en costumbre que dio lugar a la Liturgia de las Horas, sino que también, por imitar a Jesús que solía orar por la noche, se reunían a celebrar vigilias nocturnas de oración. (Lc. 6, 12; Mt 26, 38-41).

    Estas vigilias tenían lugar en el aniversario de los mártires, en las vísperas de las grandes fiestas litúrgicas, y sobre todo en las noches precedentes a los domingos. La más importante y solemne de todas ellas era, por supuesto, la Vigilia Pascual, llamada por San Agustín: "madre de todas las santas vigilias". (ML 38, 1088). En las vigilias los cristianos se mantenían "vigiles", esto es, despiertos, alternando oraciones, salmos, cantos y lecturas de la Sagrada Escritura. Así es como esperaban en la noche la hora de la Resurrección, y llegada ésta al amanecer, terminaban la vigilia con la celebración de la Eucaristía. Tenemos de esto un ejemplo antiguo en la vigilia celebrada por San Pablo con los fieles de Triade (Hc. 20, 7-12).

    Con el nacimiento del monacato en el siglo IV, se van organizando en las comunidades monásticas vigilias diarias, a las que a veces, como en Jerusalén, se unen también algunos grupos de fieles laicos. Así lo refiere en el Diario de viaje la peregrina española Egeria, del siglo V. En todo caso, entre los laicos, las vigilias más acostumbradas eran las que semanalmente precedían al domingo.

    La costumbre de las vigilias nocturnas se hizo pronto bastante común. San Basilio (+379), por ejemplo, respondiendo a ciertas reticencias de algunos clérigos de Neocesarea, habla con gran satisfacción de tantos hombres y mujeres que perseveran día y noche en las oraciones asistiendo al Señor.

    Nuestras vigilias mensuales siguen siendo herederas de estas vigilias. Nos reunimos de noche y oramos con salmos, lecturas de la Sagrada Escrituras, con cantos y alabanzas en presencia del Santísimo Sacramento, respondiendo así a la recomendación del Señor: ?"velad y orad"? prolongan, pues, una antiquísima tradición piadosa del pueblo cristiano, que nunca se perdió del todo, y que hoy sigue siendo recomendada por la Iglesia.



- Adoración Nocturna Parroquial (cada tercer viernes de mes a las 20.30 h) -
- Adoración Nocturna (Penas) (cada segundo viernes de mes a las 20.30 h) -


VIA  LUCIS


    Hay una devoción popular con tradición desde la edad media, que es el Via Crucis (el camino de la cruz). En él se recorren los momentos más sobresalientes de la Pasión y Muerte de Cristo: desde la oración en el huerto hasta la sepultura de su cuerpo. Pero ésta es la primera parte de una historia que no acaba en un sepulcro, ni siquiera en la mañana de la Resurrección, sino que se extiende hasta la efusión del Espíritu Santo y su actuación maravillosa.

    Desde el Domingo de Pascua hasta el de Pentecostés hubo cincuenta días llenos de acontecimientos, inolvidables y trascendentales, que los cercanos a Jesús vivieron intensamente, con una gratitud y un gozo inimaginables.

    El Via Lucis, "camino de la luz" es una devoción reciente que puede complementar la del Via Crucis. En ella se recorren catorce estaciones con Cristo triunfante desde la Resurrección a Pentecostés, siguiendo los relatos evangélicos. Incluímos también la venida del Espíritu Santo porque, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: "El día de Pentecostés, al término de las siete semanas pascuales, la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina".

    La devoción del Via Lucis se recomienda en el Tiempo Pascual y todos los domingos del año que están muy estrechamente vinculados a Cristo resucitado.

    En los encuentros de Jesús con los suyos, llenos de intimidad y de esperanza, el Señor parece jugar con ellos: aparece de improviso, donde y como menos se esperan, les llena de alegría y fe, y desaparece dejándoles de nuevo esperando. Pero después de su presencia viene la confianza firme, la paz que ya nadie podrá arrebatarles. Todo se ilumina de una luz nueva.

    El Via Lucis es el camino de la luz, del gozo y la alegría vividos con Cristo y gracias a Cristo resucitado. Vamos a vivir con los discípulos su alegría desbordante que sabe contagiar a todos. Vamos a dejarnos iluminar con la presencia y acción de Cristo resucitado que vive ya para siempre entre nosotros. Vamos a dejarnos llenar por el Espíritu Santo que vivifica el alma.



LA CONFESIÓN, UN INSTRUMENTO PARA LA CONVERSIÓN


    Los Sacramentos son instrumentos que nos dejó Jesucristo para ayudarnos a llegar al Cielo más fácilmente. La confesión o reconciliación es el Sacramento mediante el cual Dios nos perdona los pecados cometidos después del Bautismo y recuperamos la vida de gracia, es decir, la amistad con Dios. Es la gran oportunidad que tenemos para acercarnos de nuevo a Dios que es nuestra verdadera felicidad. La confesión no es un Sacramento de tristeza, sino de alegría, es el Sacramento del hijo arrepentido que vuelve a los brazos de su padre. No es el Sacramento de final de nuestra vida, sino el que nos da la oportunidad de empezar una nueva vida cerca de Dios.

    Debemos confesarnos habitualmente ya que así fortalecemos nuestra alma para resistir la tentación y así llenarnos de la gracia del Sacramento acercándonos más a Dios. Especialmente debemos confesarnos cuando nos vemos en pecado grave, es decir, cuando el pecado es en materia grave (lo que se va a hacer es algo importante), cuando se realiza con pleno conocimiento (se sabe que es malo lo que se va a hacer) y, finalmente, cuando se realiza con pleno consentimiento (se elige libremente hacerlo). En estos actos pecamos gravemente, debemos acudir cuanto antes a la confesión.

     Existen quienes piensan que el Sacramento de la Reconciliación no fue instituido por Cristo, sino que es un invento de la Iglesia. Cristo lo instituyó cuando dijo a los apóstoles: "recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados, pero a quienes se los retengáis les serán retenidos" (Jn. 20,23; Mt. 18; 16, 18-19). La Iglesia es la que posee el poder de perdonar los pecados y buscar la santificación de sus miembros, a través de la penitencia y de una renovación interior.

    Cuando nos reconciliamos con alguien: esposa, esposo, hijos, amigos, después de haber tenido un período de separación a causa de una pelea, disputa, etc., de un mal entendido o una ofensa, nos sentimos en paz, nos da una gran alegría. Con más razón cuando nos reconciliamos con Dios a quien hemos ofendido con nuestros pecados.      El Sacramento de la Reconciliación es algo maravilloso. en él encontraremos la paz que tanto buscamos. Perdamos el miedo a este sacramento y acerquémonos a él frecuentemente.


UN TIEMPO PASCUAL


    El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión. Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

    La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles. Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte. En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?. Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

    San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14) Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios. Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

     La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte. La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico. Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.

    Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.



Viernes Santo: acción litúrgica


    La Misa en la Cena del Señor fue el oficio vespertino al iniciarse el Viernes Santo: Jesús, el Señor, va a vivir la Pascua, esta vez no ritual, sino que el verdadero Cordero va a ser Él, y será inmolado en el árbol de la cruz. La Iglesia se va a unir a Él con la liturgia celebrada el Viernes Santo, austera, sobria y a la vez solemne. El Viernes Santo, la Iglesia-Esposa nace del costado abierto de Cristo, su Esposo, dormido en la cruz. Cristo, el nuevo Adán, con su costado perforado, permite que salga la nueva Eva, la Iglesia.

    Es el primer gran Acto de la Pascua, el drama, la lucha entre Cristo y Satanás, entre Jesucristo y la fuerza del pecado. ¡Es Pascua!, la Pascua de nuestro Señor Crucificado. La Iglesia se recoge en silencio, contemplación y amor. No se reviste de luto, con tonos sentimentales, sino se viste de Pascua. El Cordero de Dios se entrega y su Sangre lava nuestros pecados. El luto, de color negro o morado, se reserva para los difuntos a los que hay que encomendar y orar por sus pecados; el Rey de la gloria no necesita del negro o morado, sino del rojo, aquel color púrpura que vestían los emperadores, el color también de la sangre del primer Mártir, el Testigo fiel.

    La celebración consta de tres momentos fundamentales: la Palabra proclamada, la Adoración de la Cruz, la sagrada comunión como alimento durante el ayuno pascual a la espera de poder celebrar la Eucaristía en la gran Vigilia pascual. Todos los fieles se reúnen, nadie se ausenta, para celebrar la Pascua del Señor en el primer gran acto de este drama supremo. Bien celebrada, con sus correspondientes cantos y la adoración de la Cruz realizada por todos, así como la Comunión, puede ser una celebración popular y devota; pero para eso hay que educar y enseñar qué se hace el Viernes Santo, en qué consiste este Oficio litúrgico. Recordemos además que posee indulgencia plenaria con las condiciones acostumbradas la participación en esta Acción litúrgica adorando la Cruz.

    La descripción litúrgica y el desarrollo ritual de esta celebración pascual nos vienen por la Carta de la Congregación para el culto divino sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales; a la par que señala cómo se realiza, nos va introduciendo en el sentido:

"La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres (15 horas). Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente: por ejemplo, desde el mediodía hasta el atardecer, pero nunca después de las nueve de la noche (21 horas).

El orden de la acción litúrgica de la Pasión del Señor (liturgia de la palabra, adoración de la Cruz y sagrada comunión), que proviene de la antigua tradición de la Iglesia, ha de ser conservado con toda fidelidad, sin que nadie pueda arrogarse el derecho de introducir cambios. El sacerdote y los ministros se dirigen en silencio al altar, sin canto alguno. Si hay que decir algunas palabras de introducción, debe hacerse antes de la entrada de los ministros.

El sacerdote y los ministros, hecha la debida reverencia al altar, se postran rostro en tierra; esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del “hombre terreno”, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia. Los fieles, durante el ingreso de los ministros, están de pie, y después se arrodillan y oran en silencio.

Las lecturas han de ser leídas por entero. El salmo responsorial y el canto que precede al Evangelio cántense como de costumbre. La historia de la Pasión del Señor según san Juan se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el domingo anterior. Después de la lectura de la Pasión hágase la homilía, y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo. />

La oración universal ha de hacerse según el texto y la forma establecida por la tradición, con toda la amplitud de las intenciones, que expresan el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo...

En la ostensión de la Cruz úsese una cruz suficiente, grande y bella... Este rito ha de hacerse con un esplendor digno de la gloria del misterio de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar la Cruz como la respuesta del pueblo háganse con canto, y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una de las postraciones, mientras el sacerdote celebrante, permaneciendo de pie, muestra en alto la Cruz. Cada uno de los presentes del clero y pueblo se acercará a la Cruz para adorarla, dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento muy importante de esta celebración...

El sacerdote canta la invitación al “Padre nuestro”, que es cantado por toda la asamblea. No se da el signo de la paz. La comunión se desarrolla tal como está descrito en el Misal. Durante la comunión, se puede cantar el salmo 21 u otro canto apropiado. Terminada la distribución de la comunión, el píxide o copón se lleva a un lugar preparado fuera de la iglesia.

Terminada la celebración, se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros. Dispónganse en la iglesia un lugar adecuado (por ejemplo, la capilla donde se colocó la reserva de la Eucaristía el Jueves Santo), para colocar allí la Cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla, besarla y permanecer en silencio y meditación”.

                                                                                                                                                                                                                    (http://www.religionenlibertad.com)


Visita a los Monumentos


    Después de la misa del Jueves Santo en la noche, el Santísimo se reserva en lugares especiales para la comunión del Viernes Santo, día en que se conmemora la Pasión y muerte del Señor y en que no se celebra la Eucaristía. Con la consolidación del culto eucarístico en los siglos XII y XIII, se extendió la costumbre de preparar un “sepulcro” a Cristo. He ahí que en muchos lugares se llame todavía “sepulcro” a aquello que nosotros conocemos como monumento. La devoción popular hizo de este gesto práctico, es decir, reservar las hostias consagradas el Jueves Santo para la comunión del Viernes Santo, todo un despliegue de arte y creatividad. Nosotros heredamos esta tradición ya desde el principio.

    ¿POR QUÉ LA COSTUMBRE DE VISITAR SIETE MONUMENTOS?

    Es una costumbre posterior a la de la preparación de los monumentos. Esta se deriva de la usanza romana de visitar las siete iglesias más importantes de Roma, que fomentara y promoviera san Felipe Neri en el S. XVI, y que todavía hoy se conserva. Este gesto es una especie de peregrinación y sacrificio, que recuerda, según algunos, cuando Jesús fue llevado de un lado a otro durante el proceso seguido antes de su crucifixión.

    Según la devoción popular, la visita a los siete monumentos recuerda los siguientes pasajes bíblicos:

        - El recorrido por Jesús desde el lugar de la Ultima Cena, hasta el Huerto de los Olivos;
        - Del huerto a la casa de Anás;
        - De ahí a la casa de Caifás;
        - El tránsito al pretorio de Pilato;
        - De Pilato a la casa del Rey Herodes;
        - Cuando es llevado por segunda vez ante Pilato.
        - El recorrido hacia el Calvario con la Cruz a cuestas.


    La costumbre de visitar los monumentos es propia del Viernes Santo, aunque muchos la hacen ya desde el Jueves en la noche. Desde tempranas horas de la mañana se ven numerosos grupos que van de iglesia a iglesia para cumplir con esta hermosa devoción.

                                                                                                                                                                                                                    (http://6865.blogcindario.com)




La liturgia del Jueves Santo


calendario de cuaresma

     La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar concretamente en el misterio de la Pasión de Cristo, ya que quien desee seguirle tiene que sentarse a su mesa y, con máximo recogimiento, ser espectador de todo lo que aconteció 'en la noche en que iban a entregarlo'. Y por otro lado, el mismo Señor Jesús nos da un testimonio idóneo de la vocación al servicio del mundo y de la Iglesia que tenemos todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.

    En este sentido, el Evangelio de San Juan presenta a Jesús 'sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía' pero que, ante cada hombre, siente tal amor que, igual que hizo con sus discípulos, se arrodilla y le lava los pies, como gesto inquietante de una acogida incansable. San Pablo completa el retablo recordando a todas las comunidades cristianas lo que él mismo recibió: que aquella memorable noche la entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran recordarle y esperar su venida al final de los tiempos, quedando instituida la Eucaristía.

    La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, un día como hoy, la víspera de su pasión, "mientras cenaba con sus discípulos tomó pan..." (Mt 28, 26). Él quiso que, como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos y nos acordáramos de Él bendiciendo el pan y el vino: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19). Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento. Sin embargo, en esa Cena, el Señor Jesús celebra su muerte: lo que hizo, lo hizo como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso "cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva" (1 Cor 11, 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Ultima Cena, sino de la Muerte de Cristo que es Señor, y "Señor de la Muerte", es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: "un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver" (Jn 16,16). En esta Misa, de manera distinta a todas las demás Eucaristías, no celebramos "directamente" ni la muerte ni la Resurrección de Cristo. No nos adelantamos al Viernes Santo ni a la Noche de Pascua. Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una "entrega", un "darse", fue "por algo" o, mejor dicho, "por alguien" y nada menos que por "nosotros y por nuestra salvación" (Credo). "Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla." (Jn 10,16), y hoy nos dice que fue para "remisión de los pecados" (Mt 26,28).

    Por eso esta Eucaristía debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero, en los cantos, en el mensaje, en los signos, no debe ser ni tan festiva ni tan jubilosamente explosiva como la Noche de Pascua, noche en que celebramos el desenlace glorioso de esta entrega, sin el cual hubiera sido inútil; hubiera sido la entrega de uno más que muere por los pobre y no los libera. Pero tampoco esta Misa está llena de la solemne y contrita tristeza del Viernes Santo, porque lo que nos interesa "subrayar"; en este momento, es que "el Padre nos entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna" (Jn 3, 16) y que el Hijo se entregó voluntariamente a nosotros independientemente de que se haya tenido que ser o no, muriendo en una cruz ignominiosa. Hoy hay alegría y la iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando él "gloria": es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.
                                                                                                                                                                                                                    (http://www.aciprensa.com)



LA CUARESMA, UNA SUBIDA A LA MONTAÑA

calendario de cuaresma

    Celebrar la Cuaresma es como adentrarse en la montaña donde Dios se revela y donde nos descubre su verdadero rostro. La montaña constituye el lugar privilegiado de las manifestaciones divinas. En la cumbre del SINAB experimentó Moisés la gran revelación, el gran encuentro con Yavhé, en medio de la gran explosión cósmica de rayos y truenos a que se refieren los relatos sagrados. Elías, en cambio, el vidente del monte Orbe, experimenta la presencia de Dios no en el huracán violento, ni en terremoto, ni en el fuero, sino en la tenue brisa susurrante de la tarde. Allí estaba Dios, en la cumbre de la montaña, para hablarle.
    Jesús también se revela a los suyos en la cima del monte Tabor. Pero sólo son testigos de su gloria los que han subido con él a la montaña, los que han sido elegidos y separados. A ellos se revela Jesús acompañado de Moisés y de Elías, precisamente los dos personajes que han experimentado la teofanía de la montaña. Ellos representan la Ley los Profetas. La revelación de Jesús en el Tabor aparece como la culminación de la Ley y los Profetas. Es como una anticipación de la Pascua. De ahí que, por otra parte, la subida a la montaña sea como el símbolo de la subida a Jerusalén, del acceso a la Pascua.
    La Cuaresma es como subir al Tabor. Debemos huir del ruido, nos debemos adentrar en la soledad de la montaña, debemos penetrar en lo más íntimo de nuestro propio ser para crear, en la intimidad, un clima favorable al encuentro con Dios que se nos revela, que nos proclama su palabra.
    Pero la montaña es también el lugar del culto, el lugar de los grandes sacrificios y de las grandes inmolaciones. Sobre la montaña había de inmolar Abrahán a su propio hijo. Sobre la montaña de Sión, en el Templo, eran inmolados al atardecer los corderos de la Pascua. En otra montaña, en el Calvario, fue inmolado Jesús, el verdadero cordero pascual, estableciendo para siempre le culto de la nueva alianza.
    Lugar de teofanías y lugar de culto, la montaña simboliza para nosotros un modo profundo de vivir la Cuaresma y de acércanos a la Pascua. Cuaresma debiera ser para nosotros un esfuerzo incesante por subir a la montaña santa, a la montaña del Señor, en la que él se nos revela y nos descubre su rostro. Sólo los esforzados, sólo los que logran desprenderse de todo para adentrarse en la profundidad de su propio ser, serán iluminados por el resplandor ardiente del rostro de Dios.
                                                                                                                                                                                                                    (Federico Cortés Jimenez, párroco)



EJERCICIO DEL VIA CRUCIS


    El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo, que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

    La difusión del ejercicio del Vía crucis ha estado muy vinculada a la Orden franciscana. Pero no fue San Francisco quien lo instituyó tal como lo conocemos, si bien el Pobrecillo de Asís acentuó y desarrolló grandemente la devoción a la humanidad de Cristo y en particular a los misterios de Belén y del Calvario, que culminaron en su experiencia mística en la estigmatización del Alverna; más aún, San Francisco compuso un Oficio de la Pasión de marcado carácter bíblico, que es como un «vía crucis franciscano», y que rezaba a diario, enmarcando cada hora en una antífona dedicada a la Virgen. En todo caso, fue la Orden francisana la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio.

    El Vía crucis consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor. A veces se añade una decimaquinta, dedicada a la resurrección de Cristo. En la práctica de este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo juanpabloii2central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús. Puede seguirle la exposición del acontecimiento propuesto o la predicación sobre el mismo, así como la meditación silenciosa. Ese núcleo central suele ir precedido y seguido de diversas preces y oraciones, según las costumbres y tradiciones de las diferentes regiones o comunidades eclesiales. En la práctica comunitaria del Vía crucis, al principio y al final, y mientas se va de una estación a otra, suelen introducirse cantos adecuados.

    El Vía Crucis era uno de los ejercicios de piedad predilectos del Siervo de Dios Juan Pablo II; una predilección que hunde sus raíces en la tradición familiar, en la práctica de la parroquia donde Karol Wojtyla fue bautizado y en las opciones pastorales de aquella Polonia en cuyo cuerpo – su tierra – herido, dividido y despojado por potencias extranjeras se ha prolongado el misterio de la Pasión de Cristo. Se comprende, pues, cómo el piadoso ejercicio del Vía Crucis, que ya había adquirido la forma actual en la primera mitad del siglo XVIII y había sido aprobado por la Santa Sede, se difundiera rápidamente en Polonia, enraizándose firmemente en el humus de la piedad popular. Juan Pablo II, desde que Dios, en su designio providencial, lo llamó a la cátedra de Pedro (16 de octubre de 1978), nunca había faltado al «Vía Crucis del Coliseo» la tarde de Viernes Santo (hasta que su enfermedad se lo impidió en el año 2005).



TIEMPO DE CUARESMA


calendario de cuaresma

     Cuaresma es un tiempo señalado como un "don", un "regalo de Dios", que debemos acoger con alegría y con esperanza. No se trata de un tiempo más, ni tampoco como un tiempo lleno de notas tristes y de obstáculos que impiden nuestro crecimiento, sino que se trata de una gran oportunidad para volver nuestra mirada hacía el gran acontecimiento de nuestra vida de fe, de nuestra llamada y de nuestra continua conversión, se trata de estar cara al Misterio que nos salva, de mirar hacia el mayor gesto de amor que Dios mismo ha tenido para con nosotros, para con cada uno de nosotros.

    A mi me ha gustado mirar este tiempo de cuaresma como un espacio cargado de "llamadas", de "muestras", de "signos y gestos", que lejos de hacerlo pesado y triste lo ha convertido en luz y en gozo, pues he querido mirarlo y vivirlo lleno de esperanza, como quien se dice así mismo: "ahora sí que lo podré conseguir", ahora si que es tiempo de alcanzar la tan deseada conversión, el tan esperado encuentro con el Señor, el acercarme a la meta a la que vengo siendo llamado desde antes de los siglos. Un tiempo, pues, hermanos que me ha suscitado ánimos en el cansado camino, un espacio litúrgico que me ha devuelto la inquietud de vivir el misterio y de celebrarlo con intensidad, como nos pide la Iglesia, como el Señor al que adoramos nos convoca. Por eso quiero ofreceros un rostro gozoso de la Cuaresma que nos ayude a vivir el tiempo que el Señor nos ofrece para nuestra conversión.

    La Cuaresma ha podido parecer, en otros tiempos o en algunos de nosotros, un espacio cargado de prohibiciones, de penitencias o acciones que suponían un esfuerzo, y hasta un alejamiento de la sencillez de nuestra vida, sintiendo la necesidad de realizar actos, gestos, acciones, etc., que nos suponían un esfuerzo extraño a nuestro sentir, a la vida misma de amor y caridad a la que somos llamados, pero este rostro cuaresmal está lejos del verdadero sentido de la cuaresma, de la autentica intención de la Iglesia al proponernos este don de Dios que nos mete y nos prepara para vivir la "noche santa, la liturgia madre de todas las liturgias", la noche pascual. Por ello, nosotros, tenemos que esforzarnos en devolver el verdadero rostro de la cuaresma y vivirlo sin miedos y sin torpezas, acogiendo su espíritu de conversión y su propuesta de subida al Calvario, llenos de esperanza y cargados de alegría, pues la cruz que se nos presenta es vida y es gracia, es señal del cristiano y el cristiano es signo de vida.

    La Cuaresma nos invita a entrar en un clima de desierto. Como Jesús, también nosotros nos retiramos al desierto por espacio de cuarenta días. Pero no es tanto el lugar geográfico lo que nos interesa. El desierto, para nosotros, es un tiempo privilegiado de gracia y de conversión. No se trata de recluirnos en lugares solitarios, como si huyéramos de algo o de alguien. Entrar en un clima de desierto es penetrar dentro de nosotros mismos, introducirnos en la profundidad de nuestro yo, donde no hay más caras ni engaños. Es ahí, en la intimidad, donde podemos encontrar a Dios, como así nos indicaba el Evangelio del pasado domingo, donde él nos habla, donde se esclarece el sentido de nuestra existencia en el mundo. No hay que limitarse a plantar la tienda como sí ya lo tuviésemos todo resuelto, sino que tenemos que posesionarnos despojados de toda atadura inútil, dispuestos siempre a la marcha y a la esperanza. Pues debemos tomar conciencia de vivir en un clima de absoluta provisionalidad. Dios es el único absoluto de nuestra vida; y la única palabra definitiva es su promesa de salvación.
                                                                                                                                                                                                                    (Federico Cortés Jimenez, párroco)


                Cuaresma, tiempo de conversión


     La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
     Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
     La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
     La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
     El período cuaresmal concluye la mañana del Jueves Santo con la Misa crismal —Missa Chrismalis— que el obispo concelebra con sus presbíteros. Esta Misa manifiesta la comunión del obispo y sus presbíteros en el único e idéntico sacerdocio y ministerio de Cristo. Durante la celebración se bendicen, además, los santos óleos y se consagra el crisma.



10.000


    Cuando decidimos poner en marcha esta página web parroquial, lo hicimos con la finalidad de que fuese un nuevo servicio de la parroquia, tanto como herramienta pastoral como para que fuese difusor de noticias entre todos sus visitantes. Poco a poco dado nuestro carácter de neófitos en estas lides, con muchas pruebas y cambios de formato, hemos ido dándole un formato peculiar y propio a una web que ya cuenta con numerosas páginas y que, como es de ver, se encuentra siempre en constante transformación y ello en consonancia con la sociedad en la que nos movemos.

    La difusión de lo que hemos sido, somos y hacia donde queremos ir es finalidad propia e irrenunciable. Una parroquia con más de 500 años de existencia y núcleo cofrade por excelencia de la ciudad, hace que no sea fácil nuestra tarea, siendo necesario un mayor intercambio de información entre todos los integrantes de la comunidad parroquial a fin de poder cumplir nuestro objetivo.

    Pues bien, ya hemos superado las 10.000 visitas en los últimos seis meses. Es un orgullo y satisfacción para nosotros el poder constatar que una pequeña web como la nuestra, que pretende centrarse especialmente en las noticias de nuestra parroquia y diócesis, ha podido atraer tantos visitantes en este periodo de tiempo.

    A pesar de nuestros escasos recursos y medios, prometemos seguir en nuestra labor diaria de información, de hacer la página atractiva y amena y de tratar que cada vez sea mayor el número de seguidores de la misma.


"PAULAS" Y "CIRIACOS" SON INVITADOS A LA PROCESIÓN DE LOS SANTOS PATRONOS


Salida procesional de los Santos Patronos

    Las "Paulas" y los "Ciriacos" malagueños están invitados este año a participar en la procesión de los Santos Patronos de la ciudad, el próximo 18 de junio, en el día de su festividad, felizmente recuperada para el calendario local.

    Tras la novena que en honor de san Ciriaco y santa Paula que se celebrará los días 9 al 17 de junio y trás el rezo de las Vísperas este último día, las veneradas imágenes serán trasladadadas a la Catedral. Al día siguiente se celebrará la misa estacional y las procesión por las calles de Málaga.

    Otras de las novedades de este año, que ha sido consensuada con el Obispado y el Ayuntamiento, es la celebración de una romería a la zona de Martiricos el 26 de mayo con motivo de la instalación de un mosaico en el mismo lugar que ocupó la antigua ermita. San Ciriaco y santa Paula irán en una carreta de bueyes, con salida de la parroquia antes de la misa de las 10 de la mañana y regreso antes de la misa de las 7 de la tarde.

    Todos los distritos de la capital malagueña y la Federación de Peñas arroparán a los Santos Patronos en la romería, en una ofrenda floral que se hará el día 16 y en una fiesta flamenca el día 17 en la que ha sido fundamental la colaboración de la Diputación Provincial.


LA IGLESIA CONTRIBUYE A CREAR UNA SOCIEDAD MEJOR.
AYUDANDO A TU PARROQUIA, GANAMOS TODOS




     La Iglesia se ha hecho presente a lo largo de los siglos y hoy en día, a pesar de la creciente secularización, continúa realizando una amplia labor espiritual y social en beneficio de todos en cada ciudad, en cada pueblo, en cada aldea, en cada barrio, en cada rincón de la diócesis... En el Día de la Iglesia Diocesana, recordamos que es la comunidad cristiana la que hace posible esta labor con su contribución económica. El sostenimiento económico de nuestras parroquias es una forma de contribuir a crear una sociedad mejor. Por eso, ayuda a tu parroquia, ganamos todos.

      Actividad evangelizadora.- La primera vocación de la Iglesia, el anuncio de la Palabra de Dios, ocupa gran parte del esfuerzo de nuestras parroquias y comunidades cristianas. Esta misión esencial se lleva a cabo fundamentalmente desde las 251 parroquias con que cuenta la diócesis, una en cada pueblo y barrio de Málaga y Melilla. Al frente de esta labor, alrededor de 350 sacerdotes con cargo pastoral y casi 5.000 catequistas voluntarios. En este punto tienen un lugar destacado, asimismo, los más de 150 misioneros y misioneras malagueños que están repartidos por todo el mundo.

     Actividad litúrgica.- Celebrar la fe es parte fundamental de la vida cristiana. Para ello, la Iglesia de Málaga sostiene un extenso patrimonio de templos y lugares de encuentro y celebración. Un patrimonio en muchas ocasiones de gran valor histórico y artístico que se pone al servicio de toda la sociedad. Son muchas las familias que acuden a ellos a vivir y celebrar su fe ya sea en el día a día (más de 200.000 celebraciones eucarísticas al año) o con motivo de acontecimientos importantes como un bautizo (9.635 en 2011), la primera participación en la Eucaristía de un niño (en torno a 10.000), la confirmación de algún miembro de la familia (cerca de 1.281 en 2011) o su boda (1.903). También en los momentos duros como la muerte de un ser querido, la sociedad demanda celebraciones litúrgicas como las alrededor de 11.000 exequias celebradas el año pasado.

     Actividad caritativa y asistencial.- Cáritas, en nombre de la comunidad cristiana, atiende a los excluidos de la sociedad. La ayuda que presta es, en estos tiempos de crisis económica, fundamental ante el aumento de las situaciones de pobreza. En la diócesis de Málaga se hace presente a través de los servicios generales y de un total de 154 cáritas parroquiales y tres cáritas interparroquiales.
          Un total de 1.153 voluntarios atendieron el año pasado a las 25.347 familias que acudieron a Cáritas en busca de ayuda básica. 13.666 personas participaron en los diferentes proyectos realizados (empleo, formación, infancia…). Asimismo, Cáritas sostiene seis centros sociosanitarios donde recibieron atención 339 personas entre mayores, sin techo, enfermos de sida, reclusos e inmigrantes sin hogar. (DIOCESIS)



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Parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula

Plaza de los Mártires nº 1 29008 Málaga España

Tel. 952 212 724